sábado, septiembre 15, 2007

Summer Breeze


Cuando estés en un espacio abierto, natural, tomate un tiempo para relajarte. Ponete contra el viento, abriendo las manos y cerrando los ojos. Respirá profundo, sin necesidad de que tu pecho se parta en dos por la expansión de tus pulmones; sólo respirá profundo, inhalando por la nariz y soltando el aire por tu boca. Tomate el tiempo de escuchar tu alrededor, la naturaleza que domina el espacio que te rodea y sentí esa fuerza salvaje que se manifiesta en calma a través de tus sentidos.
El paladar percibe la frescura del aire que tu olfato identifica como puro; el cuerpo se imbuye de energía por el sol y la magnética fuerza del piso sobre el que los pies se apoyan da una seguridad total.
Estás viviendo. Podés sentir los latidos de tu corazón y sé que la emoción recorre por cada nervio de tu piel. En ocasiones me encontré en una playa con amigos, un fogón, guitarras, vicios, y en un momento decidí alejarme, sentarme en una roca y mirar las estrellas de un despejado cielo de verano; en otros momentos tomé fotografías al atardecer, también en un amanecer muy frío y atlántico; siempre fue la playa, mi reducto personal.
Es una lástima que pocos den cuenta de lo mucho que el más ínfimo sentimiento de naturaleza puede otorgarle a una persona; hay una serenidad que pocas cosas la pueden otorgar en la vida.
Conocí a una Mujer hace un tiempo ya, y me hace vivir esos momentos de contacto con el exterior a través de palabras y acciones cuando estoy atrapado en la urbe. Es una primavera en cada amanecer y un verano en cada noche.
Lo importante, es saber que existe la naturaleza, dar cuenta de ella y en retribución, dará un sentimiento de vitalidad único.
Hay que respirar.
La vida está afuera.
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