jueves, septiembre 27, 2007

Forever


Él fumaba las horas que pasaban al lado de la puerta blanca de mármol.
De hecho, la puerta no era de mármol, era de madera, pero parecía pesada como el mármol.
Se sentó para atravesar los eternos minutos que se ralentizaban junto al silencio y su postura estática, muy incómoda. Para todo. De a momentos veía sombras que pasaban del otro lado de la ventana enrejada, siendo dicha reja perteneciente al salón por el cual las anteriores personas estaban pasando.
O parecían pasar.
El único sonido que él sentía era el de sus pensamientos, el de sus párpados al cerrarse y abrirse, el de su chaqueta de gamuza cada vez que se pasaba la mano por la cara y el zumbido característico que se sufre cuando se pasa de un entorno de mucho ruido a uno de poco ruido. El silencio lo alienaba, él estaba solo, a la espera. Fuera del recinto estaba todo en llamas, como los juncos de una solitaria playa que se acerca al equinoccio autumnal.
El edificio estaba incendiándose y él adentro, tomándose la cara, al lado de la gran puerta de mármol que separaba dos entornos distintos; las llamas se acercaban y él emanaba vapor blanco. Ni gris ni transparente, blanco. Se decidió, abrió la puerta y allí no encontró nada, sólo vestigios de otros como él; con la misma cara, el mismo cuerpo. Apenas divisó ese panorama, giró su cabeza hacia el incendio y cerró la puerta, convirtiendo la madera en mármol impenetrable; el mármol del olvido eterno, el cual anula y descarta.
En el incendio él se sintió a gusto. Fuego como ninguno, se dispersó en todos los rincones donde él pisara, acompañándolo y dándole el calor que él necesitaba.
Él es Agua, y Ella también. Ambos de la mano atraviesan el camino blanco, a través del incendio que se extiende como si fuera un río.
Ambos.
Juntos siempre.