domingo, septiembre 09, 2007

A gift for a Queen


Me fui por dos días porque la congestión de la urbe estaba clavándose en cada poro de mi piel. Llegué al Diablo por la tarde, mientras escudriñaba con la mirada la oscuridad de mis párpados desde adentro.

Aún no la conocía como eventualmente terminé conociéndola pero me recorrió los brazos con hilos de seda cuando bajé a un recodo hecho de arena, rocas, madera y agua. Miré hacia el cielo y la paleta era apastelada con pases de acuarelas sobre hoja mojada; los elementos se exaltaron: el viento que violentaba una filosa arena contra mis piernas era el mismo viento que tomaba al océano en una cuenca, arremetiéndolo contra las rocas. El fuego cambiaba lentamente, muy arriba en el cielo, como si no fuera fuego, como si no fuera cielo.

Fue allí que decidí inyectarle suspensión al espacio-tiempo, para dejarme revivir el preciso instante de maravilla al presenciar el natural espectáculo que en el que me adentré apenas apoyé los pies sobre la fresca playa.

Al acercarme al Mar, sentía el salpicado de las heridas de las olas contra las rocas, como una tierna caricia oceánica, enredándome los brazos y el cuello con hilos acuáticos.

(to be continued)

Post card to Athena.jpg